La dosis de estrés es la causante de reacciones positivas o negativas. Con dosis débiles nuestro rendimiento y nuestra eficacia son deficientes; con un nivel adecuado el rendimiento y la eficacia son óptimos; pero sobrepasado el umbral óptimo,  se convierte en atacante de nuestro organismo, conduciéndonos al agotamiento y al sobreesfuerzo. Además las consecuencias del estrés desencadenan efectos psíquicos y físicos.

Por lo tanto, todos necesitamos el estrés positivo (euestrés), de lo contrario podemos caer en la apatía y el conformismo. Pero no en demasiadas cantidades ni durante demasiado tiempo (distrés). Nuestro cuerpo está diseñado para reaccionar a ambos tipos de estrés.

Nuestra percepción es lo que sugestiona a nuestro cuerpo a reaccionar ante los acontecimientos de la vida. Por ejemplo, ante pensamientos de miedo excesivo, reaccionamos en consecuencia.
 

CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS

La activación del sistema nervioso simpático (una parte muy importante del sistema nervioso autónomo) nos moviliza para acción rápida. A más peligro percibido (social o físico), más intensa será la reacción.

Si esta respuesta es demasiado fuerte o continuada (angustia aguda) puede derivar en problemas gastrointestinales, depresión o dolores de cabeza graves. Insomnio, enfermedades del corazón y los hábitos de angustia (por ejemplo el beber, comer demasiado, el fumar y el uso de drogas) pueden resultar de la acumulación de angustias pequeñas.

Existen múltiples factores que pueden actuar como “estresores”. Pero la interpretación y las respuestas provocadas son diferentes para cada persona.

La intensidad del estrés y su tiempo de exposición producen el agotamiento del organismo. Un estrés prolongado, físico o psicoemocional va a ocasionar diferentes tipos de trastornos psicológicos y psicosomáticos.

Si la persona se bloquea o se sumerge de lleno en la situación estresante, perdiendo toda objetividad, será difícil que genere mecanismos de adaptación equilibrados.
 

REACCIONES A LAS SITUACIONES DE ESTRÉS (SÍNTOMAS)

Es de suma importancia comprender cuáles son las reacciones habituales al estrés y desarrollar un plan de acción para convivir con ello:

  1. Modificaciones fisiólogas: hipertensión, taquicardias, complicaciones gastroduodenales, alteración de la producción de insulina, liberación de corticoides en sangre.
  2. Modificaciones de la actividad cognitiva (nuestro conocimiento). Aunque el estrés puede mejorar la atención y la conciencia, en situaciones límite puede ocurrir todo lo contario y dejamos de pensar racionalmente para actuar instintivamente.
  3. Conductas motoras: desde temblor a rigidez muscular, las expresiones de la cara, morderse las uñas o la aparición de tics incontrolados.
  4. Conducta verbal imprudente. La forma de expresar nuestras emociones puede hacer que se pierdan relaciones, tanto en el ámbito laboral como personal. El estrés hace que algunas personas olviden que su familia y amigos son aliados y pierden las formas.

 

ESTRÉS LABORAL. UN PROBLEMA EN AUMENTO

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El estrés laboral ha aumentado en los últimos años siendo equiparada a una enfermedad común “emergente”. Aunque las causas el estrés provoca numerosos problemas de salud y enfermedades como úlceras de estómago, depresiones, enfermedades coronarias,… no se puede considerar como una enfermedad. Realmente, es una respuesta del organismo, tanto física como mental, a las adaptaciones y ajustes del ser humano, a los diversos acontecimientos vitales.

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