Una vez tratado el concepto de autoridad desde un enfoque histórico y su situación actual, considero necesario situarlo en el contexto social y presentar algunas conclusiones de autores que han tratado en profundidad la temática de la autoridad y sus implicaciones contemporáneas.

EL CARISMA

Max Weber, como sociólogo que analiza la sociedad a partir de la racionalidad, expone que el progreso está íntimamente ligado al aumento de la productividad. Ésta solamente se podrá conseguir mediante la acción planificada, necesaria para el progreso y el desarrollo de la sociedad. En este sentido, la disciplina militar es el modelo a aplicar y su influencia ha sido importante en el desarrollo de los procesos industriales del siglo XIX.

Aquí también podemos introducir el concepto de carisma, el cual tiene paralelismos con la autoridad. Weber lo desarrolla desde la perspectiva sociológica y estudia la formación y el mantenimiento del poder en la política. Afirma que “lo común a todas las formaciones políticas es el empleo de la fuerza; lo que las diferencia es el modo y el grado en que usan o amenazan usar dicha fuerza contra las demás organizaciones políticas”. Considera que las habilidades sociales tienen menos desgaste y son más eficaces para mantener el poder. Los súbditos obedecen al líder carismático sin la necesidad del uso de la fuerza y la coacción.

 

AUTORIDAD COMO COMPETENCIA

Por otra parte, J.M. Bochénski afirma que el contexto social y cultural determina el comportamiento adecuado o inadecuado. Considera que la autoridad es una relación entre diferentes individuos y necesariamente tiene que haber un ámbito para su desarrollo. Nadie puede ser autoridad en todas las materias y por lo tanto se produce una prelación de competencias profesionales o personales. En consecuencia,  solamente se es autoridad en determinados aspectos en los que se es competente y se tiene el reconocimiento social.

 

LA SOCIEDAD ACTUAL

La filósofa Hannah Arendt analiza la sociedad actual y defiende que está instalada en el relativismo y la confusión. Se ha pasado de una sociedad jerárquica, en donde el individuo sabía a quién había de obedecer, a un modelo caracterizado por la crisis. La sociedad piramidal marcaba los límites claros de la autoridad; por el  contrario, una sociedad democrática e igualitaria domina la confusión. Supongo que tal afirmación deriva de la costumbre colectiva arraigada en la jerarquía.

Cierto es que la sociedad actual es flexible, cambiante e incierta, donde el desarrollo científico y tecnológico conlleva graves consecuencias. Observamos una debilidad de la razón, el individualismo, la fragmentación del conocimiento y la pérdida de sentido. Ahora hay otras fuentes de saber.

La autoridad, en un contexto social y cultural turbulento, complejo y contradictorio, es problemática y ambivalente. Es difícil encontrar el equilibrio adecuado entre la mera opinión y el orden.

 

UNA RELACIÓN DESIGUAL

La sociedad sitúa los individuos en diferentes niveles y esta jerarquía es necesaria para que exista la autoridad. Así lo afirma el sociólogo Richard Sennett en su estudio de la autoridad. De este modo, para diferentes individuos necesariamente tiene que haber una relación desigual. Todas las personas necesitan tener referentes y seguir modelos; es inherente a la condición humana. Los vínculos de la autoridad no son puros ni sólidos, debido a que están supeditados a los cambios del marco social y cultural. La autoridad tiene relación con la confianza y los sujetos pueden perderla si realizan actos inadecuados.

Sennett destaca los elementos principales de la autoridad:

  • la seguridad
  • el superior juicio
  • la capacidad para imponer disciplina
  • la capacidad de inspirar temor

El individuo con autoridad tiene que tener seguridad en sí mismo y también en sus acciones. Su capacidad de juicio y praxis tiene que ser superior a los otros. Su perspectiva tiene que ser más elevada para contemplar e interpretar cuestiones que otros no se plantean. También destaca la importancia de la capacidad oratoria para convencer a los demás. Tiene que imponer orden y disciplina. El líder tiene que gestionar el miedo y el temor de los subordinados. Se presenta aquí una ambivalencia confusa entre auctoritas y potestas.

 

AUTORITARISMO

Sennett también destaca la evidencia de la desigualdad social y cultural de los individuos marcada por las características del periodo histórico.  Afirma que el autoritarismo es una desviación de la autoridad, próxima a la potestad. Consiste en el uso de la violencia para obligar a un sujeto a realizar una acción contra su voluntad. Se han confundido los dos conceptos y se han relacionado con obediencia, miedo y coacción. Asimismo, reflexiona a propósito de diferentes regímenes políticos. Considera que la disciplina, la obediencia, el autoritarismo y el miedo se han impuesto de forma clara en la mayoría de los periodos históricos.

Por último, considera la aparición de la economía de mercado a gran escala como el periodo fundamental en el cambio de la organización y las relaciones sociales. A partir de ahí los trabajadores de una empresa están sujetos a la inestabilidad de la estructura social. Progresivamente, lo global tiene más relevancia para comprender lo local. Las decisiones empresariales no dependen solamente del propietario y de los agentes interesados en el proceso. Afirma que corresponde a un conjunto de elementos del entorno que resultan complejos de comprender.

 

PRESTIGIO Y JERARQUÍA

Para el catedrático Rafael Domingo, la autoridad remite directamente al saber de una persona, a su sabiduría. Distingue dos conceptos próximos a la autoridad: el prestigio y la jerarquía. El prestigio supone reconocimiento social de alguna cualidad, habilidad o saber. Pero el prestigio no es exclusivo del saber, sino, más ampliamente, su honradez, su solvencia económica, su fortaleza y su influencia social. Incluye tener una determinada habilidad o cualidad específica. La jerarquía permite la ordenación piramidal de la estructura social. Un estatus superior no implica necesariamente más autoridad.

 

LA OBEDIENCIA

La psicología social también ha hecho aportaciones interesantes como el experimento Milgram. Este muestra cómo los conceptos de obediencia y autoridad son volubles e inestables. Los individuos, en determinados entornos, pueden hacer actuaciones graves e indecentes que en otras circunstancias nunca realizarían. Las personas son influenciables y las élites de poder pueden utilizar estas debilidades en propio beneficio. La comunidad tiene una importancia fundamental en la conducta de los sujetos. “El individuo es débil en su posición solitaria a la autoridad, al contrario del grupo que es fuerte”. Desde esta perspectiva, autoridad y obediencia están estrechamente relacionados con poder y manipulación

José Antonio Marina ha estudiado el concepto de poder en diferentes circunstancias y ha llegado a la conclusión de que el poder es la capacidad de hacer real lo posible. Para conseguir determinados objetivos, las élites pueden utilizar medios directos o indirectos. Los primeros hacen referencia a estrategias agresivas y violentas; por el contrario, los segundos utilizan recursos simbólicos y racionales.

Como ya vimos, el psicólogo Daniel Goleman ha publicado diferentes obras en referencia a la inteligencia emocional. No habla directamente de autoridad, pero algunos conceptos tienen una relación directa con ella, como el liderazgo, el carisma y las habilidades sociales, entre otras.

 

AUTORIDAD COMO FIGURA DE RESPETO

Desde tiempos ancestrales, la vejez ha sido considerada como autoridad y figura de respecto. La experiencia, el saber y los conocimientos más profundos de la realidad la hacen superiores a la juventud. Por ejemplo, Cicerón y Simone de Beauvoir han tratado este tema en De senectute y La vejez, respectivamente. Sin embargo, en la sociedad actual la vejez es una dificultad, una molestia y un problema. La gente mayor tiene muchas dificultades para adaptarse a una sociedad dinámica y cambiante. La vejez no está bien considerada; en cambio, la juventud tiene toda la admiración. La perspectiva ha cambiado hacia una mirada dirigida solo al futuro, quedando el pasado en el olvido. Aquí la sabiduría popular nos ilumina con la cita “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Y también, “quien olvida su pasado, no comprende su presente”.

Para concluir con esta visión sociológica, enlazamos con la autoridad del directivo como líder en una doble vertiente. Por una parte, tiene la potestad o poder de decisión y acción atribuida por el cargo jerárquico. Por otra, la autoridad como profesional y persona. Esta dualidad confiere al liderazgo una figura completa. El cargo jerárquico por sí solo no es condición suficiente para ser un buen líder. Por el contrario, y con la actitud adecuada, sí lo son la competencia profesional y el carisma de la persona. En este caso conducen a un liderazgo informal, dentro de la organización, y a un liderazgo social, fuera de ella.

 

Antonio Pujante

Director